Concursal

Detrás de toda insolvencia hay una solución de futuro.


Ley concursal




  • Con la aprobación de la Ley Concursal 22/2003, nuestro Parlamento lanzó un claro mensaje a los agentes económicos y jurídicos de la necesidad de cambiar la forma de abordar la situación de crisis económica de las empresas. Los tiempos de la quiebra y la suspensión de pagos habían terminado.La nueva Ley cambió de forma radical el panorama y supuso una entrada de un aire fresco que todos los agentes celebraron.

    Pero después de nueve años de reinado de la Ley Concursal el resultado no ha sido el esperado. De ahí que se hayan prodigado numerosas reformas legislativas que han ido corrigiendo las carencias y defectos de aquella Ley. Especialmente importante fue la reforma 38/2011 que supone una actualización integral de nuestro Derecho de Insolvencia. No sólo porque profundiza en las alternativas al concurso, sino sobre todo porque –y para nosotros esta es la clave sobre la que debe pivotar la mayoría de concursos- facilita la anticipación de la liquidación para que la misma se lleve a cabo desde el mismo momento de la solicitud de concurso y no cuando todo está ya perdido.

Para nosotros el Convenio es una auténtica quimera. La absoluta excepcionalidad de convenios que después de aprobarse terminan por cumplirse, nos lleva a descartar esta opción en la mayoría de expedientes. Por el contrario, desde el primer momento procuramos intentar salvar la unidad productiva que todavía puede generar valor. El procedimiento de venta debe ser ágil –la Exposición de Motivos de esa Reforma emplea este mismo término en tres de sus diez apartados-, transparente, flexible y por supuesto con la máxima publicidad.

Algo maldito debía albergar el Convenio concursal, cuando el Capítulo que lo regulaba al tiempo de la aprobación de la Ley tenía nada más y nada menos que 6.666 palabras.

La liquidación con venta de la unidad productiva es la última esperanza para mantener valor en la empresa concursada. Todos los activos materiales e inmateriales, así como una selección de aquellos trabajadores en los que concurran fidelidad y talento, podrán incorporarse a un nuevo proyecto empresarial completamente saneado e ilusionante.

No negamos que la venta de las unidades productivas conlleva problemas importantes como el tournarround, las tensiones de tesorería por las necesidades de circulante o la adaptación a homologaciones, clasificaciones administrativas o certificaciones varias.

Pero esa NEW CO nace inmaculada. Dispuesta a crear riqueza, preservando los puestos de trabajo y dando valor a los activos intangibles.

La experiencia de los numerosos concursados que han tenido la posibilidad de acogerse a esta figura ha sido altamente satisfactoria pues gracias a ello han evitado el cese de la activad y el cierre definitivo de la empresa.

Ya sabemos que el empresario es renuente a la presentación del concurso. Ya sabemos que “siempre llegan tarde”. Ya sabemos que esto no lo va a cambiar nadie. Ahora de lo que se trata es de adaptarnos a esa nueva circunstancia.

© Jose Maria Marques.